Media mañana. Pelao' recibe una llamada telefónica del exterior.
Pelao' - ¡Hola Luisa, qué sorpresa!
Luisa - Hola, Pelao'. ¿Cómo estás?
P - Mucho más contenta ahora. ¿Y tú?
L - Feliz de escucharte, aunque es un poco agridulce, no te voy a mentir... Te tengo malas noticias.
P - ¿?
L - Ayer pasé por el parque Joan Miró. Escuché que habían encontrado a un señor indigente, muerto, justo debajo de la escultura. Era Joselito.
L - ...¿Sigues ahí?
P - ¿Estás segura? ¿Sabes qué le pasó?- Contesta, llorando.
L - Sí, me aseguré de que fuera cierto. Mostraba signos de violencia en el cuerpo, al parecer hubo un riña. Lo siento mucho, Pelao, sé que lo apreciabas.
Durante unos segundos solo se escucha el sollozo de la joven.
P - Joselito no siempre fue un indigente, ¿sabías? Tenía un trabajo, estaba casado y tenía una bebé. La empresa para la que trabajaba quebró, así que fue directo al paro. Empezó a no dar abasto con los gastos y las deudas, hasta que le embargaron sus bienes. Su mujer lo dejó, y se llevó a la niña. Fue entonces cuando cayó en una profunda depresión y entró en un círculo de vicios y abandono, hasta acabar en la calle.
L - Recuerdo que me lo habías dicho.
P - Unas navidades le llevé una caja de sus chocolates favoritos. Debiste ver el brillo en su mirada. Yo sabía que él necesitaba cubrir sus necesidades básicas antes de estar comiendo chucherías, pero pensé: "Es Navidad y le voy a hacer un regalo, no una obra de caridad".
L - Qué bonito gesto.
P - ¡No! No te digo esto para que veas lo excelente persona que soy, porque no lo soy. Estoy compartiendo esto contigo porque es importante que recordemos que todos tenemos derecho a sentirnos humanos, y no la sombra de un punto que el papel mismo se tragó. La gente le pasaba por el lado, lo veía pasando frío en pleno invierno, y no se inmutaba. Como la niña de la capa roja en medio de la guerra, en "Schindler's List": era el elemento más contradictorio, más llamativo, y nadie se daba cuenta.
L - Te comprendo, y entiendo que te duela su situación, pero también piensa que todas esas personas que dices que "seguían de largo", tenían, a su vez, sus propios problemas. Al final parece que tenemos que hacernos cargo de todo. Esta denuncia no la debes hacer a las personas, pienso, sino a las autoridades competentes.
P - ¿Y la sensibilidad a quién se la dejamos? El capitalismo nos está conduciendo hacia la deshumanización. ¿Quiénes, si no nosotros, son los responsables de puntualizar a las autoridades lo que necesita ser trabajado? Ellos deberían mirar hacia donde la sociedad les indica, no al revés. La única compañía que tenía Joselito era una perra "viralata" a la que había llamado Chochete, y se la habían matado a palos hacía unos meses. Eso no es vida. Si no tenemos derecho a una vida digna, entonces... ¿para qué sirven los derechos y las instituciones?
L - Eres muy noble, pero así no se cambia el statu quo.
P - Me conformo con que seamos conscientes. Presumimos de avance, de riqueza, de evolución, mientras miles de personas mueren de hambre cada día. Y no creas que hay que irse a Somalia o a Haití. Escucha esta historia: En medio de una gran urbe, un hombre muere de hambre bajo una escultura que vale millones de euros, de un artista que nunca fue millonario. Chula, ¿eh?
L - Qué pornográfico.
P - Pues así está el mundo, y aunque a la gente no parezca importarle, a mí me importa. Joselito y su perra, Chochete, fueron víctimas de un sistema voraz, del darwinismo social más marcado. Alguna vez existieron en las calles de Barcelona y en ellas quedaron esparcidos. Existieron.
Cortos capítulos de la vida cotidiana
... ¿Podemos aprender de los sucesos cotidianos?
viernes, 1 de abril de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Capítulo 3: Mi país
Hora de la cena. Pelao' se encuentra con su familia y unos visitantes, cuando los mismos le muestran las fotos de sus vacaciones en la República Dominicana.
Monólogo interno.
"¿Eso? No, eso no es mi país. Ella es una extranjera cualquiera jugando pin pon en una playa cualquiera. Si te dijese que la foto es de una costa de Venezuela, ¿de cuál de los dos países sería? De ninguno.
Mi país comienza allí donde acaban los complejos turísticos; en las playas vírgenes rodeadas de un mar tranquilo y templado, transparente, tan transparente que te da miedo asomarte por vergüenza de que se reflejen tus pecados, tan bajito que te preguntas si hay algo más que la orilla. Se escucha, por supuesto, un merengue, o esa bachata que tanto suena mientras anima el partido de dominó que los señores del pueblo juegan, acompañados de su botella de ron: Brugal, Barceló, Bermúdez, son todos de casa. Y cómo no, los niños que pasan vendiéndote helados, los helados de bizcocho más sabrosos que he probado en mi vida, o los típicos ostiones. No hace falta decir que son todos de tez oscura y rasgos mulatos, no hay rubios ni pieles de algodón, lo nuestro es café y canela. Te detienes un momento y... ¡Qué rico el olor del coco de agua, delicioso, y más allá el olor de una dulce piña, y más allá el olor de un suculento mango, y más allá...!
Basta de buscar el ángulo adecuado para tomar el sol, no hace falta, él ya te encontrará. Incluso las frescas sombras de las palmeras se esconden cuando el astro mayor decide imponer su autoridad, y su encanto se esparce sobre el mar, que se calienta a su vera, y brilla como una novia que está siendo desvelada.
En mi país, aunque llegues solo terminas conociendo gente. Ya que la mayor parte del tiempo no hay energía eléctrica, si tienen una virtud es que son buenos acompañantes, siempre se han tenido que hacer compañía los unos a los otros. Sea la señora que fríe delante del mar los pescados frescos que le trae su marido, o sea el mismo espabilado que intenta alquilarte a precio de spa unos chaiselongues que posiblemente ni siquiera sean suyos, encontrarás un buen conversador, bueno no por la calidad de sus palabras, sino por lo mucho que habla.
Cierras los ojos y sigue ahí ese olor, esa música, ese calor, esa armonía...
Se equivoca, ése no es mi país."
Marzo del 2006.
Monólogo interno.
"¿Eso? No, eso no es mi país. Ella es una extranjera cualquiera jugando pin pon en una playa cualquiera. Si te dijese que la foto es de una costa de Venezuela, ¿de cuál de los dos países sería? De ninguno.
Mi país comienza allí donde acaban los complejos turísticos; en las playas vírgenes rodeadas de un mar tranquilo y templado, transparente, tan transparente que te da miedo asomarte por vergüenza de que se reflejen tus pecados, tan bajito que te preguntas si hay algo más que la orilla. Se escucha, por supuesto, un merengue, o esa bachata que tanto suena mientras anima el partido de dominó que los señores del pueblo juegan, acompañados de su botella de ron: Brugal, Barceló, Bermúdez, son todos de casa. Y cómo no, los niños que pasan vendiéndote helados, los helados de bizcocho más sabrosos que he probado en mi vida, o los típicos ostiones. No hace falta decir que son todos de tez oscura y rasgos mulatos, no hay rubios ni pieles de algodón, lo nuestro es café y canela. Te detienes un momento y... ¡Qué rico el olor del coco de agua, delicioso, y más allá el olor de una dulce piña, y más allá el olor de un suculento mango, y más allá...!
Basta de buscar el ángulo adecuado para tomar el sol, no hace falta, él ya te encontrará. Incluso las frescas sombras de las palmeras se esconden cuando el astro mayor decide imponer su autoridad, y su encanto se esparce sobre el mar, que se calienta a su vera, y brilla como una novia que está siendo desvelada.
En mi país, aunque llegues solo terminas conociendo gente. Ya que la mayor parte del tiempo no hay energía eléctrica, si tienen una virtud es que son buenos acompañantes, siempre se han tenido que hacer compañía los unos a los otros. Sea la señora que fríe delante del mar los pescados frescos que le trae su marido, o sea el mismo espabilado que intenta alquilarte a precio de spa unos chaiselongues que posiblemente ni siquiera sean suyos, encontrarás un buen conversador, bueno no por la calidad de sus palabras, sino por lo mucho que habla.
Cierras los ojos y sigue ahí ese olor, esa música, ese calor, esa armonía...
Se equivoca, ése no es mi país."
Marzo del 2006.
martes, 18 de enero de 2011
Capítulo 2: "Te tengo una buena noticia".
Media tarde. Dos amigos en un vehículo.
Pelao' - ¿Cómo te fue hoy en clase?
Él - Bien. Sin más.
P - Te noto pensativo.
- Me irrito cada vez que echan pestes sobre nuestra generación.
P - ¿?
- Hoy un profesor le dijo a un compañero: "Chico, eres muy ignorante, pero te tengo una buena noticia: eso te camufla entre el 99.8% de tu generación, así que probablemente el resto no lo note".
P - La verdad duele - Ríe la muchacha.
- En nuestra defensa he de decir una cosa: el hábito de lectura es educación, y es responsabilidad de la escuela y la familia inculcarlo. Es muy raro que invites a un niño al parque y te diga "no, mejor vamos a leer", a menos que haya visto antes a algún adulto, que para los niños son modelo, disfrutar de la lectura. En pocas familias se ven a lo padres sentarse en su hora de descanso a leer. En cambio, se acuestan o encienden la televisión, y el mismo patrón repetimos nosotros. Luego vas a la escuela, donde te imponen lecturas sobre las cuales habrás de hacer unos trabajos que convertirán un libro en un terrible aburrimiento. Así, leer pasa a ser un trámite más que has de cumplir para obtener las notas que te permiten pasar de curso.
Ya sin mencionar que el mundo consumista en el que vivimos no invierte en la literatura la mitad en publicidad de lo que invierte en otros artículos, sobretodo ahora en la era de la informática y las 100000 actualizaciones que salen cada día, ¿qué joven piensa en los libros?.
P - Y ni hables de los precios.
- ¡Esa es otra! Inicio del 2011, "Resoluciones para año nuevo: 1. Leer, al menos, un libro al mes". Bien, empiezo muy decidido. Busco el Nobel de Literatura 2010, para empezar por algún lado... Vargas LLosa. Un libro, Travesuras de una niña mala. Perfecto. Voy a la librería y veo, "RD$900". Tú, que disfrutas leer, sabes el valor de un libro y tu disposición a pagar es mayor que la mía. Yo, que nunca en mi vida he leído, y cuando lo he hecho no lo he disfrutado, pienso "Novecientos pesos. Con eso me voy a la playa, o al cine, y si es por cultura, tengo dos meses de lunes de jazz en la 37. O puedo invitar a la novia a cenar. Bah, mejor lo compro más tarde".
P - Esos impuestos son la muerte. Si al menos hubiesen bibliotecas públicas...
- ¿Cuál es el sueldo mínimo en República Dominicana? RD$8,000. Me cuesta pensar que una persona que cobra tal cantidad gaste casi RD$1000 tan solo en un libro.
El libro es cada vez más un artículo de lujo, y la buena educación, una educación completa, cosa de élites.
P - Empieza, pues, a formarte, la conciencia es el punto de partida.
- Te digo, de joven no te ayudan como deberían, y de mayor te juzgan por ello.
P - "Están mal, están muy mal".- Dijo, divertida, con cara de vieja gruñona mientras movía el dedo índice como si fuera una varita mágica, o un látigo.
Pelao' - ¿Cómo te fue hoy en clase?
Él - Bien. Sin más.
P - Te noto pensativo.
- Me irrito cada vez que echan pestes sobre nuestra generación.
P - ¿?
- Hoy un profesor le dijo a un compañero: "Chico, eres muy ignorante, pero te tengo una buena noticia: eso te camufla entre el 99.8% de tu generación, así que probablemente el resto no lo note".
P - La verdad duele - Ríe la muchacha.
- En nuestra defensa he de decir una cosa: el hábito de lectura es educación, y es responsabilidad de la escuela y la familia inculcarlo. Es muy raro que invites a un niño al parque y te diga "no, mejor vamos a leer", a menos que haya visto antes a algún adulto, que para los niños son modelo, disfrutar de la lectura. En pocas familias se ven a lo padres sentarse en su hora de descanso a leer. En cambio, se acuestan o encienden la televisión, y el mismo patrón repetimos nosotros. Luego vas a la escuela, donde te imponen lecturas sobre las cuales habrás de hacer unos trabajos que convertirán un libro en un terrible aburrimiento. Así, leer pasa a ser un trámite más que has de cumplir para obtener las notas que te permiten pasar de curso.
Ya sin mencionar que el mundo consumista en el que vivimos no invierte en la literatura la mitad en publicidad de lo que invierte en otros artículos, sobretodo ahora en la era de la informática y las 100000 actualizaciones que salen cada día, ¿qué joven piensa en los libros?.
P - Y ni hables de los precios.
- ¡Esa es otra! Inicio del 2011, "Resoluciones para año nuevo: 1. Leer, al menos, un libro al mes". Bien, empiezo muy decidido. Busco el Nobel de Literatura 2010, para empezar por algún lado... Vargas LLosa. Un libro, Travesuras de una niña mala. Perfecto. Voy a la librería y veo, "RD$900". Tú, que disfrutas leer, sabes el valor de un libro y tu disposición a pagar es mayor que la mía. Yo, que nunca en mi vida he leído, y cuando lo he hecho no lo he disfrutado, pienso "Novecientos pesos. Con eso me voy a la playa, o al cine, y si es por cultura, tengo dos meses de lunes de jazz en la 37. O puedo invitar a la novia a cenar. Bah, mejor lo compro más tarde".
P - Esos impuestos son la muerte. Si al menos hubiesen bibliotecas públicas...
- ¿Cuál es el sueldo mínimo en República Dominicana? RD$8,000. Me cuesta pensar que una persona que cobra tal cantidad gaste casi RD$1000 tan solo en un libro.
El libro es cada vez más un artículo de lujo, y la buena educación, una educación completa, cosa de élites.
P - Empieza, pues, a formarte, la conciencia es el punto de partida.
- Te digo, de joven no te ayudan como deberían, y de mayor te juzgan por ello.
P - "Están mal, están muy mal".- Dijo, divertida, con cara de vieja gruñona mientras movía el dedo índice como si fuera una varita mágica, o un látigo.
martes, 4 de enero de 2011
Capítulo 1: El almuerzo
Hora de almuerzo. Tres muchachos sentados alrededor de la mesa del comedor.
Pelao', la mayor de los hermanos, suspira.
- ¿Qué pasa? - Pregunta la más joven. Se encuentra inquieta y curiosa.
Pelao' - Te preocuparías.
- Dímelo.
P - Me acabo de entrar un bocado de pastelón en la boca, y no había acabado aún de masticarlo cuando ya había empezado a cortar un trozo de chuleta. Menuda falta de respeto hacia el pastelón. Es como si tú me estuvieses hablando y, sin haber acabado tu discurso, yo me girase a ver a otra persona esperando que empiece a hablar.
-Es sólo comida.
P - Es un ritual. Se supone que si me como el pastelón, estoy enfocada en el pastelón. Pero yo no, me serví el pastelón porque lo deseaba, y una vez lo tuve en la boca, ya no pensé más, y pasé mi mente a la chuleta, como si ya no tuviese nada en la boca que masticar. ¿Cuál es el punto de comerme el pastelón si no soy conciente de que lo estoy haciendo?
- El punto es comer, son alimentos.
P - Es arte. Fíjate bien, "arte culinario".
- Es una chuleta, no creo que eso sea arte culinario.- Se incorporó el hermano mediano.
P - Un pastelón es un plato elaborado, no es un simple alimento. Pero yo no lo aprecio, el trabajo y la espera que hay detrás quedan olvidados con tener un pedazo de chuleta delante.
- ¡Qué estrés para comer!
P - Al contrario, es el estrés lo que critico.
Por cierto, llevo dos días quemándome el paladar.
Pelao', la mayor de los hermanos, suspira.
- ¿Qué pasa? - Pregunta la más joven. Se encuentra inquieta y curiosa.
Pelao' - Te preocuparías.
- Dímelo.
P - Me acabo de entrar un bocado de pastelón en la boca, y no había acabado aún de masticarlo cuando ya había empezado a cortar un trozo de chuleta. Menuda falta de respeto hacia el pastelón. Es como si tú me estuvieses hablando y, sin haber acabado tu discurso, yo me girase a ver a otra persona esperando que empiece a hablar.
-Es sólo comida.
P - Es un ritual. Se supone que si me como el pastelón, estoy enfocada en el pastelón. Pero yo no, me serví el pastelón porque lo deseaba, y una vez lo tuve en la boca, ya no pensé más, y pasé mi mente a la chuleta, como si ya no tuviese nada en la boca que masticar. ¿Cuál es el punto de comerme el pastelón si no soy conciente de que lo estoy haciendo?
- El punto es comer, son alimentos.
P - Es arte. Fíjate bien, "arte culinario".
- Es una chuleta, no creo que eso sea arte culinario.- Se incorporó el hermano mediano.
P - Un pastelón es un plato elaborado, no es un simple alimento. Pero yo no lo aprecio, el trabajo y la espera que hay detrás quedan olvidados con tener un pedazo de chuleta delante.
- ¡Qué estrés para comer!
P - Al contrario, es el estrés lo que critico.
Por cierto, llevo dos días quemándome el paladar.
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