martes, 18 de enero de 2011

Capítulo 2: "Te tengo una buena noticia".

Media tarde. Dos amigos en un vehículo.

Pelao' - ¿Cómo te fue hoy en clase?

Él - Bien. Sin más.

P - Te noto pensativo.

 - Me irrito cada vez que echan pestes sobre nuestra generación.

P - ¿?

- Hoy un profesor le dijo a un compañero: "Chico, eres muy ignorante, pero te tengo una buena noticia: eso te camufla entre el 99.8% de tu generación, así que probablemente el resto no lo note".

P - La verdad duele - Ríe la muchacha.

- En nuestra defensa he de decir una cosa: el hábito de lectura es educación, y es responsabilidad de la escuela y la familia inculcarlo. Es muy raro que invites a un niño al parque y te diga "no, mejor vamos a leer", a menos que haya visto antes a algún adulto, que para los niños son modelo, disfrutar de la lectura. En pocas familias se ven a lo padres sentarse en su hora de descanso a leer. En cambio, se acuestan o encienden la televisión, y el mismo patrón repetimos nosotros. Luego vas a la escuela, donde te imponen lecturas sobre las cuales habrás de hacer unos trabajos que convertirán un libro en un terrible aburrimiento. Así, leer pasa a ser un trámite más que has de cumplir para obtener las notas que te permiten pasar de curso.
Ya sin mencionar que el mundo consumista en el que vivimos no invierte en la literatura la mitad en publicidad de lo que invierte en otros artículos, sobretodo ahora en la era de la informática y las 100000 actualizaciones que salen cada día, ¿qué joven piensa en los libros?.

P - Y ni hables de los precios.

- ¡Esa es otra! Inicio del 2011, "Resoluciones para año nuevo: 1. Leer, al menos, un libro al mes". Bien, empiezo muy decidido. Busco el Nobel de Literatura 2010, para empezar por algún lado... Vargas LLosa. Un libro, Travesuras de una niña mala. Perfecto. Voy a la librería y veo, "RD$900". Tú, que disfrutas leer, sabes el valor de un libro y tu disposición a pagar es mayor que la mía. Yo, que nunca en mi vida he leído, y cuando lo he hecho no lo he disfrutado, pienso "Novecientos pesos. Con eso me voy a la playa, o al cine, y si es por cultura, tengo dos meses de lunes de jazz en la 37. O puedo invitar a la novia a cenar. Bah, mejor lo compro más tarde".

P - Esos impuestos son la muerte. Si al menos hubiesen bibliotecas públicas...

- ¿Cuál es el sueldo mínimo en República Dominicana? RD$8,000. Me cuesta pensar que una persona que cobra tal cantidad gaste casi RD$1000 tan solo en un libro.
El libro es cada vez más un artículo de lujo, y la buena educación, una educación completa, cosa de élites.

P - Empieza, pues, a formarte, la conciencia es el punto de partida.

- Te digo, de joven no te ayudan como deberían, y de mayor te juzgan por ello.

P - "Están mal, están muy mal".- Dijo, divertida, con cara de vieja gruñona mientras movía el dedo índice como si fuera una varita mágica, o un látigo.


martes, 4 de enero de 2011

Capítulo 1: El almuerzo

Hora de almuerzo. Tres muchachos sentados alrededor de la mesa del comedor.

Pelao', la mayor de los hermanos, suspira.

- ¿Qué pasa? - Pregunta la más joven. Se encuentra inquieta y curiosa.

Pelao' - Te preocuparías.

- Dímelo.

P - Me acabo de entrar un bocado de pastelón en la boca, y no había acabado aún de masticarlo cuando ya había empezado a cortar un trozo de chuleta. Menuda falta de respeto hacia el pastelón. Es como si tú me estuvieses hablando y, sin haber acabado tu discurso, yo me girase a ver a otra persona esperando que empiece a hablar.

-Es sólo comida.

P - Es un ritual. Se supone que si me como el pastelón, estoy enfocada en el pastelón. Pero yo no, me serví el pastelón porque lo deseaba, y una vez lo tuve en la boca, ya no pensé más, y pasé mi mente a la chuleta, como si ya no tuviese nada en la boca que masticar. ¿Cuál es el punto de comerme el pastelón si no soy conciente de que lo estoy haciendo?

- El punto es comer, son alimentos.

P - Es arte. Fíjate bien, "arte culinario".

- Es una chuleta, no creo que eso sea arte culinario.- Se incorporó el hermano mediano.

P - Un pastelón es un plato elaborado, no es un simple alimento. Pero yo no lo aprecio, el trabajo y la espera que hay detrás quedan olvidados con tener un pedazo de chuleta delante.

- ¡Qué estrés para comer!

P - Al contrario, es el estrés lo que critico.
   Por cierto, llevo dos días quemándome el paladar.